PRESENCIA E INCIDENCIA DE LO OMINOSO EN EL PENSAMIENTO DE FREUD Y FOUCAULT, de Revista Observaciones Filosóficas

PRESENCIA E INCIDENCIA DE LO OMINOSO EN EL PENSAMIENTO DE FREUD Y FOUCAULT
PRESENCIA E INCIDENCIA DE LO OMINOSO EN EL PENSAMIENTO DE FREUD Y FOUCAULT

Dr. Niklas Bornhauser* - Psicólogo, Universidad Diego Portales

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Revista Observaciones Filosóficas


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Me gustaría centrar, en lo que sigue, las reflexiones subsiguientes en el desarrollo y la discusión de algunas implicancias del concepto de lo Ominoso {das Unheimliche} en relación a los planteamientos relativos a la consistencia y contextura de la noción de sujeto en Sigmund Freud y Michel Foucault. Para ello se interrogarán o intervendrán algunos textos freudianos, mediante una modalidad que ponga en juego ciertas nociones arraigadas en el pensar de Michel Foucault, específicamente en lo que caracterizó su pensar a mediados de lo años sesenta, recogiendo la intuición o sospecha de que existe una analogía estructural entre el pensar de ambos, una analogía que se vuelve patente al poner a dialogar entre sí, a partir de la consideración de das Unheimliche, ciertas producciones escritas concernientes al problema de la constitución subjetiva.

De entrada conviene adelantar que el concepto de lo Ominoso {das Unheimliche}, tal como se deslinda a partir de la lectura histórico–crítica de la producción escrita de Sigmund Freud, en tanto concepto límite o liminar {Grenzbegriff2}, resulta ser una de las nociones claves tanto para la clarificación del estatuto epistémico del psicoanálisis como para la comprensión de la noción de sujeto de lo inconsciente. Su trazo, según nos devela la revisión exhaustiva y paciente de los textos freudianos, atraviesa e hilvana prácticamente toda su obra, a pesar de que la discusión detallada y pormenorizada del concepto como tal se encuentre concentrada y acotada en un texto puntual, publicado el año 1919, titulado justamente Das Unheimliche. La extensa y prolongada huella de lo Ominoso, que con creces desborda lo que se podría pretender abarcar en el marco de este trabajo, se reconstruirá, al menos parcialmente, partiendo por el análisis de La interpretación de los sueños (1900 [1899]), seguido de ciertas acotaciones que se desprenden del examen pormenorizado de Lo Ominoso (1919).

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I

El fijar como punto de partida un comentario acerca del libro de los sueños contiene ya una primera alusión implícita con respecto a la naturaleza de la articulación ulterior entre Freud y Foucault, pues, entrelazando el argumento central del mencionado escrito freudiano con Prefacio a la transgresión, se puede argumentar que la relevancia del primero reside esencialmente en el hecho de que a partir de entonces el sueño hace su entrada en el campo de las significaciones, con lo cual, para decirlo en palabras de Foucault, se torna una evidencia que “el filósofo mismo no habita la totalidad de su lenguaje, como un dios secreto y omniparlante; descubre que hay, junto a él, un lenguaje que habla y del que no es dueño.”3 Probablemente, la principal repercusión de la compleja y polémica obra de Freud en el pensamiento contemporáneo consista en haber perturbado palmariamente el apacible y confiado morar del sujeto en el lenguaje, causándole, de esta manera, la tercera de las heridas narcisistas sufridas a lo largo de su breve pero conflictuada historia y planteado la necesidad de una reformulación radical de los supuestos básicos subyacentes a la teoría del lenguaje. Leído en perspectiva, el descentramiento del sujeto moderno, el recientemente aludido reconocimiento de que el yo no es dueño {Herr} en su propia casa, es la última consecuencia de una serie de pasos previos que arrancan de la «aventura lingüística» freudiana, exploración e indagación de la estructura y los mecanismos del lenguaje, y que se inicia en La interpretación de los sueños (1900 [1899]) para ser continuada inmediatamente en La psicopatología de la vida cotidiana (1901) y El chiste y su relación con lo inconsciente (1905) su capacidad de des–cubrir el reverso oculto del discurso moderno.

Por lo tanto, la importancia epocal de Die Traumdeutung (1900 [1899]) consiste, por un lado, en el hecho de haber introducido al sueño en el dominio simbólico, un paso previo necesario para la seguida incorporación de los lapsus, los actos fallidos, los chistes, las obras de arte, todas ellas formaciones psíquicas que comparten la estructura del síntoma neurótico, y, por el otro, en haber destacado, al mismo tiempo, que los esfuerzos interpretativos, orientados hacia el esclarecimiento del sentido de los síntomas psíquicos, siempre es y será una interpretación incompleta, una interpretación en falta, y ello principalmente por dos razones. Su incompletitud fundamental se debe, en primer lugar, a la evidente multivocidad de los síntomas neuróticos, su estratificada y, a veces, heterogénea composición por diversas capas {Vielschichtigkeit}, que condensan y reúnen varios cumplimientos de deseo a la vez, a ratos contradictorios e inconciliables entre sí. Es así como S. Freud, ya en la primera edición de su libro sobre los sueños, señalaba “que en rigor nunca se está seguro de haber interpretado un sueño exhaustivamente; aun cuando parece que la resolución es satisfactoria y sin lagunas, sigue abierta la posibilidad de que a través de ese mismo sueño se haya insinuado otro sentido.”4



Por lo tanto, mediante el trabajo interpretativo siempre se producen nuevas significaciones, las cuales, sin embargo, infatigablemente resultan insuficientes para agotar el sentido de un texto plástico, prolífico y exuberante en significaciones. En otras palabras, el añorado encuentro con el «verdadero» sentido, la extracción de la verdad última y definitiva, es, en realidad, un momento ideal, siempre postergado, siempre por venir. Foucault, por cierto, advierte ese «carácter estructuralmente abierto» de la interpretación, que convierte a la interpretación en una tarea infinita, cuando dice que “a partir del siglo XIX, los signos se encadenan sobre una red inagotable, infinita, no porque reposen sobre una semejanza sin límites, sino porque hay una apertura irreductible.”5

No obstante, existe una segunda razón, quizá incluso más fundamental, que impide que se realice la interpretación íntegra y exhaustiva de una determinada formación psíquica y que, como consecuencia de lo anterior, se produzca la clausura definitiva y categórico del sentido. Este segundo argumento en contra de la posibilidad de la generación de una interpretación «total», sin restos ni residuos a interpretar, que, al igual que el anterior, se encuentra en el texto princeps freudiano, responsable de la apertura de la vía regia hacia lo inconsciente, arranca de la consideración de aquel fenómeno extraño y perturbador, con el cual Freud se veía enfrentado en La interpretación y que se produce, de manera inesperada y sorpresiva, en un momento determinado de la interpretación de un sueño, conocido coloquialmente como «el sueño de la inyección de Irma».

El relato del sueño en cuestión, del cual a continuación se transcriben algunos de sus fragmentos más relevantes en lo que el análisis de lo Ominoso respecta, arranca en un gran vestíbulo, en el cual coinciden ciertas personas, “entre ellos Irma, a quien enseguida llevo aparte [...] para reprocharle que todavía no acepte la «solución» {Lösung}. Le digo: «Si todavía tienes dolores, es realmente por tu exclusiva culpa».”6 Prosigue la narración: “La llevo hacia la ventana y reviso el interior de su garganta. Se muestra un poco renuente {zeigt sie etwas Sträuben}, como las mujeres que llevan dentadura postiza. [...] Después la boca se abre bien {Der Mund geht dann auch gut auf}, y hallo a la derecha una gran mancha blanca, y en otras partes veo extrañas formaciones rugosas {merkwürdigen braunen Gebilden}, que manifiestamente están moldeadas como los cornetes nasales, extensas escaras blanco–grisáceas.”7

La interpretación, que hasta ese momento avanzaba de manera firme e imperturbable, encaminada a corroborar la tesis de que todo sueño es un cumplimiento de deseo, en este punto es bruscamente interrumpida, justo cuando Freud se inclina para examinar la garganta de Irma, interrupción producida por la estupefacción, provocada en el intérprete, por la visión aterradora de una mancha blanca, situada en la garganta de su paciente. En el lugar indicado, al cual se accede después de que la paciente «abriera bien la boca», un lugar extraño e inquietante, que con cierta insistencia se resiste a ser aprehendido en palabras, cuando Freud, en una nota al pie, un fragmento de texto al margen del texto oficial, se ve obligado a reconocer que: “Sospecho que la interpretación de ese fragmento no avanzó lo suficiente para desentrañar todo su sentido oculto [...] Todo sueño tiene por lo menos un lugar en el cual es insondable {unergründlich}, un ombligo por el que se conecta con lo no conocido {dem Unerkannten}.”8

Es un ombligo, omphalos, el que hace de tope al despliegue, por más astuto que sea, de todas las estrategias interpretativas, una cicatriz, una sutura, resultado de un corte y de su ulterior anudamiento, que constituye un punto ciego, clausurado e impenetrable, que se resiste a la interpretación – hablar de resistencias en análisis, sobre todo en lo que respecta a la interpretación, desde luego no carece de implicaciones teóricas y políticas9. Freud era extremadamente conciente del carácter de atadura o del nudo, como consta en la siguiente observación, que se transcribe íntegramente: “Aun en los sueños mejor interpretados es preciso a menudo dejar un lugar en sombras {im Dunkel}, porque en la interpretación se observa que de ahí arranca una madeja {ein Knäuel} de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar {entwirren}, pero que tampoco han hecho otras contribuciones al contenido del sueno. Entonces ese es el ombligo del sueno, el lugar en que él se asienta en lo no conocido {dem Unerkannten}. Los pensamientos oníricos con que nos topamos a raíz de la interpretación tienen que permanecer sin clausura alguna {ohne Abschluß} y desbordar {auslaufen} en todas las direcciones dentro de la enmarañada red {netzartige Verstrickung} de nuestro mundo de pensamientos. Y desde un lugar más espeso de ese tejido {dieses Geflechts} se eleva luego el deseo del sueno como el hongo de su micelio.”10

Como se desprende de lo anterior, lo que Freud ve al fondo de la garganta de Irma es un espectáculo horroroso, compuesto por unos cornetes, recubiertos por una membrana blancuzca, y en los que se muestran, en palabras de Lacan, “todas las significaciones de equivalencia, todas las condensaciones que ustedes puedan imaginar.”11 Es decir, todo se mezcla y se confunde en esa imagen, representante de «lo más profundo del misterio», y que por su mera imagen es capaz de provocar la más honda angustia.

La interpretación freudiana aquí desemboca en la manifestación súbita e impensada de una imagen terrorífica, angustiante, verdadera cabeza de Medusa, converge en la revelación perturbadora de algo, en estricto rigor, innombrable, insituable. Aquella mancha, resistente a su disolución mediante la interpretación ecuánime y ponderada, parece indicarle al sujeto “Eres esto, que es lo más lejano de ti, lo más informe”12, confrontándolo dura y repentinamente justamente con aquello que se mantiene alejado de la conciencia gracias a la oportuno labor de la represión – la imagen de la muerte. Se trata, pues, en esta imagen oscura e indescifrable, de la revelación precipitada e indeseada de aquello que el sujeto tiene de menos penetrable, de lo subjetivo sin ninguna mediación posible, de lo subjetivo último. Dice Freud que: “Si no estoy muy equivocado, por todos los caminos que hasta ahora emprendimos llegamos a la luz, al esclarecimiento {zur Aufklärung} y a la comprensión plena; a partir de este momento, en que pretendemos penetrar más a fondo en los procesos anímicos envueltos en los sueños, todas las señas desembocan en la oscuridad {ins Dunkel}.”13

En este punto, arcano y hermético, en el cual todas las rastros, todos los señalamientos desembocan en la más absoluta penumbra, abandonaremos, por el momento, nuestra lectura de Die Traumdeutung (1899 [1900]) para remitirnos, en cambio, a Das Unheimliche (1919) con el propósito de contrastar lo dicho hasta el momento con las consecuencias e incidencias de la respectiva definición de lo Ominoso que de esta lectura se desglose.

* 1 Psicólogo, Universidad Diego Portales. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor del Programa de Magister en Etnopsicología PUCV

PRESENCIA E INCIDENCIA DE LO OMINOSO EN EL PENSAMIENTO DE FREUD Y FOUCAULT

Dr. Niklas Bornhauser* - Psicólogo, Universidad Diego Portales

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